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Prólogo del Secretario
Ejecutivo de la UNCCD
Hace once años, en la Cumbre de la Tierra
de Rio, la comunidad internacional propició
la creación de la Convención de las
Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación
(CNULD), que fue adoptada en 1994. El motivo para
ello era el reconocimiento de la amenaza que entraña
la desertificación en todo el mundo, y particularmente
en África. La desertificación es un
problema mundial que afecta directamente a la tercera
parte de las tierras de nuestro planeta, es decir,
a una superficie de más de 4000 millones de
hectáreas. Está amenazada además
la subsistencia de unos 1200 millones de personas,
que dependen de la tierra para cubrir la mayoría
de sus necesidades y que suelen ser los más
pobres del planeta en más de 110 países.
La desertificación es una de las causas profundas
de la pobreza y de la inseguridad alimentaria, y da
lugar a crisis socioeconómicas y políticas
en todo el mundo.
Afortunadamente, desde el año 1996, en que
entró en vigor la Convención, se han
hecho grandes avances. En junio de 2003 había
ya 187 países Partes en la Convención,
y se habían adoptado cinco anexos regionales
que abarcaban todas las regiones afectadas del mundo,
adquiriendo de ese modo alcance mundial. Además,
desde 1997 se han celebrado cinco Conferencias de
las Partes en Roma, Dakar, Recife, Bonn y Ginebra,
durante las cuales expertos en desertificación,
funcionarios de los gobiernos, organizaciones civiles
y la sociedad civil han proporcionado conjuntamente
valiosas aportaciones que han permitido diseñar
medidas eficaces de lucha contra la desertificación.
En consecuencia, se han completado ya 66 Programas
de Acción Nacional, y la Convención
está pasando de la fase de preparación
a la fase de aplicación de esos programas,
que constituyen unas directrices de políticas
a largo plazo y, al mismo tiempo, la columna vertebral
de la Convención. Los programas de acción
subregional y regional avanzan también a un
ritmo alentador. La Convención está
dando ahora frutos y, en la primera reunión
del Comité de Examen de la Aplicación
de la Convención, celebrada en 2002, se identificaron
las prácticas idóneas para todas las
regiones del mundo.
Estamos todavía, sin embargo, sólo
al comienzo, y es mucho lo que queda por hacer. Hay
que reproducir en todo el mundo las prácticas
más adecuadas, hay que compartir información
y tecnología y hacer que los progresos sea
más fluidos, para poder aplicar eficazmente
la Convención. Sólo mediante una constante
colaboración y participación activa
de todas las partes interesadas conseguiremos más
éxitos concretos que marquen un avance cualitativo
en la restauración de los ecosistemas de las
tierras secas y que mejoren los medios de subsistencia
de los millones de personas afectadas.
Con ese mismo espíritu doy la bienvenida a
todos los participantes en el sexto período
de sesiones de la Conferencia de las Partes que se
está celebrando en La Habana. Estoy convencido
de que un debate continuado sobre los medios que permitirán
mejorar la aplicación de la Convención
y una mayor cooperación en acciones concretas
contribuirán a luchar contra la amenaza mundial
de la desertificación y nos acercarán
aún más al desarrollo sostenible en
las tierras secas.

Hama Arba Diallo
Secretario Ejecutivo
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