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14. LA LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACIÓN EN EL MEDITERRÁNEO NORTE

La región del Mediterráneo Norte es un complejo mosaico de paisajes variados. Ha sido ocupada y cultivada durante milenios por diversas culturas y civilizaciones. Buena parte de la región es semiárida y padece sequías estacionales, un régimen de lluvias muy variable y descargas súbitas de fuertes aguaceros. Se caracteriza también por densidades de población elevadas, una alta concentración industrial y una agricultura intensiva. Aunque sus habitantes utilizan a veces al término "desierto", le atribuyen el significado de 'naturaleza agreste', 'ausencia de población', o 'aislamiento'.

La degradación de las tierras en el Mediterráneo suele estar vinculada a unas prácticas agrícolas deficientes. Los suelos se salinizan, se hacen secos, estériles e improductivos en respuesta a toda una serie de inclemencias naturales: sequías, crecidas, incendios forestales, y actividades controladas por los seres humanos, especialmente la roturación y el pastoreo excesivos. La situación se ha visto agravada por la crisis social y económica de la agricultura tradicional en los últimos años y por la consiguiente migración de las áreas rurales a las urbanas. El resultado de ello es una tierra abandonada, particularmente en las laderas marginales y fácilmente erosionables, y un debilitamiento de la planificación agrícola y de la gestión de las tierras.

La economía moderna está contribuyendo también al problema. Los fertilizantes y plaguicidas, los regadíos, la contaminación por metales pesados y la introducción de especies vegetales (invasivas) están deteriorando la salud de los suelos de la región a largo plazo. Los cambios físicos ocasionados en los cursos fluviales por la construcción de embalses, la canalización de ríos o el drenado de humedales afectan a la calidad de la tierra. Entre tanto, los niveles de las aguas subterráneas disminuyen en muchos lugares y tienen como consecuencia, entre otros efectos, la intrusión de agua salada en los acuíferos costeros. Aproximadamente un 80% del agua dulce disponible de la región se destina a regadíos. El crecimiento, espectacular y constante, de la industria, el turismo, la agricultura intensiva y otras actividades económicas modernas a lo largo de las costas está aquejando especialmente a las áreas costeras.

De los países Partes afectados del Mediterráneo Norte, cuatro son miembros de la Unión Europea, y otros cuatro se hallan en la lista de candidatos. La Convención de Lucha contra la Desertificación ofrece a todos los países afectados del Mediterráneo Norte un marco de cooperación mutua y una acción nacional más efectiva. Un grupo subregional (Grecia, Italia, Portugal, España y Turquía) ha preparado ya el mandato de un Programa de acción subregional. Países no afectados, como la Comunidad Europea, Francia o Mónaco, están participando como observadores en las reuniones subregionales. Se está debatiendo actualmente la implantación de un proceso plenamente regional para todos los países Partes afectados del anexo IV. Además de la cooperación intrarregional, se pide en el anexo que todos sus miembros cooperen con otras regiones y subregiones (Europa central y oriental, por ejemplo), y particularmente con los países en desarrollo del norte de África.

En el anexo se pide la armonización de programas de acción y el examen de los progresos en la lucha contra la desertificación. Este fin puede conseguirse mediante un Comité de coordinación regional. Dicho Comité podría asesorar sobre la preparación y puesta en práctica de los programas subregionales o regionales, y ejercer las funciones de punto focal para promover y coordinar la cooperación técnica.

La investigación sobre la desertificación está recibiendo un renovado impulso. La degradación de las tierras secas ha sido estudiada durante años en África y en otras regiones, aunque menos en Europa. Por fortuna, son varios los programas de investigación que están evaluando el impacto del clima y del tiempo sobre la degradación de las tierras y de los suelos en la región. Los miembros de la UE están invirtiendo también más en la vigilancia sistemática de la degradación de la tierra, aunque sigue siendo necesario coordinar mejor la recopilación, análisis e intercambio de los datos, particularmente con los países no pertenecientes a la Unión Europea. Es necesaria una mayor cooperación técnica y científica para investigar las causas de la degradación de las tierras y otros aspectos de la desertificación.

Hay otras estrategias que podrían ser también muy útiles. Existe amplio acuerdo en que una de las prioridades de la región debería ser la protección de las tierras que aún no han sufrido una degradación muy acentuada. Un planteamiento eficaz e "integrado" de la gestión del agua a nivel local, nacional y regional debería abordar simultáneamente la agricultura tradicional y la intensiva, la industria, el empleo, la diversidad biológica, los recursos de agua dulce, la contaminación del agua y los problemas especiales de las áreas costeras. Convendría aprovechar las sinergias con otros tratados. Hay que conservar y utilizar los conocimientos y las aptitudes tradicionales. Podría promoverse más activamente el desarrollo, adaptación y transferencia de tecnologías contra la desertificación que estén en armonía con el medio ambiente y que sean económicamente viables y socialmente aceptables. Por último, podría suscitarse un mayor compromiso de las comunidades locales y de las organizaciones no gubernamentales.

Secciones pertinentes de la Convención:
Anexo IV: Anexo de aplicación regional para el Mediterráneo Norte

 
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