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13. LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACIÓN EN AMÉRICA
LATINA Y EL CARIBE
Aunque más conocida
por sus pluviselvas, en realidad América Latina
y el Caribe contienen una cuarta parte aproximadamente
de las tierras desérticas y áridas.
(20.553.000 km5) Los desiertos latinoamericanos
de la costa del Pacífico se extienden desde
el sur del Ecuador a lo largo de toda la costa peruana
y hasta el norte de Chile. Tierra adentro, a altitudes
entre 3.000 y 4.500 metros, se despliegan los altiplanos
secos de la cordillera andina, que cubren extensas
zonas de Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
Al este de los Andes una amplia región árida
va desde las estribaciones septentrionales del Chaco
en Paraguay hasta Patagonia, en el sur de Argentina.
El noreste brasileño incluye zonas semiáridas
dominadas por la sabana tropical. La mayor parte de
México es árida y semiárida,
sobre todo en el norte. Los Estados del Caribe, República
Dominicana, Cuba, Haití y Jamaica también
presentan zonas áridas, mientras que la erosión
y la falta de agua se está intensificando claramente
en numerosas islas orientales del Caribe.
La pobreza y la presión
sobre los recursos de tierra originan la degradación
de muchas de esas áreas secas. De los
465 millones de habitantes con que cuenta América
Latina y el Caribe, unos 110 millones viven por debajo
de la línea de pobreza.
La Convención de
Lucha contra la Desertificación obtiene un
firme apoyo político. Todos los países
de la región han pasado ya a formar parte de
la Convención. Diversas ONG (organizaciones
no gubernamentales) han organizado sus esfuerzos a
través de la red de ONG denominada RIOD (Réseau
Internationale d'ONG sur la Désertification).
Esta red cuenta con cuatro puntos focales subregionales
y un punto focal regional. La contribución
de RIOD es importante, pero aún deberán
hacerse nuevos esfuerzos para conseguir la participación
de otras ONG en los niveles nacional, subregional
y regional.
El Anexo de aplicación
regional para América Latina y el Caribe requiere
necesariamente de un desarrollo sostenible.
Entre las prácticas no sostenibles figuran
una irrigación excesiva, incorrectos hábitos
agrícolas, inadecuados usos del suelo, y el
uso semejante de fertilizantes y plaguicidas, el pastoreo
abusivo y la explotación intensiva de los bosques.
Combinadas con frecuentes sequías e incendios
forestales, estas prácticas conducen casi inevitablemente
a la degradación de la tierra. La intensa reducción
de la productividad biológica de los ecosistemas
que resulta, conduce a su vez a una baja de la productividad
económica de la agricultura, la ganadería
y la silvicultura.
En varios países
se han formulado programas de acción nacionales.
Muchos de los países que han pasado a formar
parte de la Convención están preparando
seminarios nacionales de concienciación con
los que tratan de fomentar una amplia participación
de comunidades, ONG y otros interesados en la elaboración
y puesta en práctica de los programas de acción.
Estos planes se beneficiarán asimismo de los
vigorosos recursos científicos con que cuenta
la región. Pero aún es mucho lo que
queda por hacer, y para que puedan alcanzarse nuevos
progresos sigue siendo esencial el establecimiento
de capacidad técnica e institucional.
En marzo de 1998 se estableció
un programa de acción regional para coordinar
los esfuerzos nacionales. En la sede regional
del Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente, en México DF, se estableció
un servicio coordinado regional para América
Latina y el Caribe. Este servicio coordina los puntos
focales nacionales y promueve actividades y proyectos;
se encarga del intercambio de información y
experiencias, así como de la cooperación
técnica, científica, tecnológica
y financiera; y realiza el seguimiento y la evaluación
de la puesta en práctica de los distintos programas
de acción. Además trabaja junto con
la red regional de lucha contra la desertificación,
facilitar formación, gestiona los proyectos
de reforzamiento de la cooperación, desarrollar
metodologías para la vigilancia y la evaluación
de la degradación de las tierras, y promueve
el uso de los sistemas de información geográfica
en el ámbito nacional.
También se han iniciado
diversos programas subregionales. Estos se
están desarrollando en "El Gran Chaco
Americano" (Paraguay, Bolivia y Argentina), "La
Hispaniola", la República Dominicana y
Haití, y se encuentra en fase de elaboración
un proyecto sobre preservación de la biodiversidad
y contra la degradación de los suelos, en los
paises del Caribe oriental. En breve los países
centroamericanos iniciarán un esfuerzo cooperativo
con el que tratan de hacer frente a la degradación
de la tierra en esta subregión.
Secciones pertinentes de
la Convención:
Anexo
III: Anexo de aplicación regional para América
Latina y el Caribe.
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